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"Era costumbre entre los antiguos, -decían-, que cuando los reyes querían demostrar sus elevadas virtudes bajo el cielo, empezaban por gobernar y dirigir sus países; pero antes de decidirse a gobernar sus países, empezaban por organizar sus hogares; y antes de organizar sus hogares, empezaban por organizar sus propias vidas; y antes de organizar su propias vidas, empezaban por sanear sus corazones; y antes de sanear sus corazones, se consagraban a cultivar sus inteligencias para elevarse así a la cima del saber. Y llegar a la cima del saber significa llegar al conocimiento íntimo de las cosas. Y cuando llegaban al conocimiento íntimo de las cosas ya quedaban capacitados para pensar bien, luego, sanear sus corazones, poner orden en sus vidas, en sus hogares y, finalmente, para dirigir y gobernar bien a sus naciones".
De acuerdo con esta filosofía, es necesario que el hombre se conozca a sí mismo para conocer a los demás, y conociendo a los demás, se conoce a sí mismo, de lo cual se desprende que la piedra angular de lo humano, es lo humano. |